Tener la hostelería cerrada ha dado un giro en los hábitos de consumo y hay persona que en casa bebían vino y ahora cerveza y, viceversa.

Ir a tomarse unos vinos o unas cañitas al bar, acompañando a unas tapas y unas risas. Una costumbre de lo más normal y social, que desde hace meses no podemos practicar debido a las restricciones a causa de la pandemia y que está provocando ciertos cambios en los hábitos de los consumidores.

Parece que tomar cerveza en casa, no es lo que más les gusta a todos y, algunos se han pasado al vino. Por el contrario, los que tomaban vino, de tanto en tanto tiran de una lata de cerveza de la nevera bien fresquita, quizás esperando que los vinos en lata sean una realidad en España y podamos tener opciones a gusto de todos.

Me parecen curiosas algunas de las respuestas al preguntar por ese cambio de hábitos y me he encontrado con muchas personas que hablan más del tema dieta y calorías que del tema preferencias o momentos. Sí, señoras y señores. Aunque la pandemia está en el centro de todo, hay personas que, a causa de ella, tienen en cuenta el factor “estoy engordando” y deciden controlar lo que beben.

Hay quienes dicen que como la cerveza, además del gas, se elabora a partir de cereales procesados (malta, trigo, lúpulo…) y contiene más hidratos de carbono que el vino, pues engorda. Sus defensores afirman que se elimina más fácilmente pues al ser diurética por el potasio, eliminas líquidos y ayuda a regular el PH corporal.

En el tema vino, por su contenido más alto en alcohol que la cerveza, tiene más calorías y entonces cuesta más librarse de ellas. Los defensores que dicen que el vino ayuda a adelgazar por sus polifenoles, especialmente el resveratrol, que es un potente antioxidante y ayuda a eliminar grasa, entre otros beneficios cardiosaludables. Además el vino está prácticamente libre de hidratos de carbono, salvo los dulces.

Nada de esto lo digo yo, son muchos y muy reputados los médicos y científicos de diversas universidades y centros médicos de todo el mundo que, tras exhaustivos estudios, han llegado a esas y muchas otras conclusiones.

Sin embargo, parece ser que no se ponen del todo de acuerdo. Aquí también habría que plantearse si la culpa es de la bebida o de lo que comemos, o si hacemos actividades físicas o no. Que a lo mejor también tiene algo que ver.

Si además al tema de engordar, añadimos qué bebida “sube” más y emborracha antes, que bebida da más o menos resaca, que bebida da más dolor de cabeza, etc, etc. pues nos encontramos que cada maestrillo…

El consumo moderado de vino o de cerveza es probablemente una de las soluciones a tantas preguntas y a tantos etcéteras. El equilibrio nos dará las respuestas.

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