Como en casi todo en la vida, encontramos partidarios del consumo de queso como fuente de beneficios y detractores que señalan lo terriblemente dañino que resulta

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Los que nos dedicamos de una manera u otra al mundo del queso a veces podemos ver con cierto estupor como se lanzan afirmaciones respecto a este alimento que en ocasiones conllevan la salvación de todo mal y otras, la abominación y la condena eterna. Y en teoría, las personas que lo dicen están respaldadas por la evidencia de estudios científicos y por un criterio profesional. Pero algunas veces, la objetividad se ve empañada por las convicciones personales, por la notoriedad o por el negacionismo en ambas direcciones. Así pues, quede claro en un principio la neutralidad de este artículo escrito a modo de reflexión, sin afirmaciones.

Hay nutricionistas que afirman y que alaban el gran valor nutritivo del queso. Las proteínas, el calcio, los aminoácidos o las vitaminas son algunas de las razones por las que hay que comer queso. Los efectos positivos para el fortalecimiento de los huesos y la musculatura, los beneficios para el embarazo… Un momento… ¿para el embarazo? ¿pero no dicen que lo mejor es que las embarazadas no coman queso? Demasiadas preguntas y pocas respuestas al unísono pues podemos escuchar el riesgo existente de listeria con los quesos de leche cruda o por el contrario los beneficios del ácido fólico, en el zinc, y de bacterias beneficiosas para la flora intestinal en los quesos de leche pasteurizada. Aunque en el tema del tipo de leche y de la curación, hay discrepancias. Y no. No voy a hablar del tema lactosa.

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“El queso en todas sus formas”, afirma el Dr. Barnad, un afamado médico estadounidense, “favorece el sobrepeso, aumenta el colesterol, produce hipertensión y favorece las enfermedades autoinmunes”. Añade: “Y la leche… es mala. Que la leche fortalece los huesos es un reclamo comercial para vender más”. Por supuesto y como os podréis imaginar, esto es lo más suave que dice.

Sin embargo, científicos de la Universidad de Copenhague, publicaron en The American Journal Clinical Nutrition de la prestigiosa Oxford, que una dieta rica en queso podía ser muy beneficiosa en diversos aspectos, incluido el tema de los niveles de colesterol o la aceleración de los procesos metabólicos. El triptófano y la mejora cognitiva son también algunos de los poco conocidos beneficios de comer queso.

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Cuando médicos, nutricionistas y comunidad científica no se ponen de acuerdo ¿Qué vamos a pensar los ciudadanos de a pie? No todos tenemos un cuñado que sabe a ciencia cierta lo que difiere del bien y del mal. Lo más probable, es que hagamos como hemos hecho durante todos estos siglos de ingesta de queso como alimento y como placer. Seguramente, en el equilibrio estará la clave. Y desde luego, ni todo es bueno para todos, ni todo es malo para todos. Y en el queso, como todo en la vida, con moderación, tiene su chees-pa.

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