Las circunstancias actuales no pueden ser peor en lo que a la restauración se refiere y no olvidemos que todos los que nos dedicamos al mundo del vino, de una manera u otra, nos vemos afectados

Existe un enorme dilema y que afecta a muchas pequeñas bodegas (y no tan pequeñas) cuando ven que uno de los clientes más importantes, el restaurador, se ha visto obligado a cerrar y, obviamente la venta de vino se ha parado. Si echamos la vista atrás en la primera fase de confinamiento total la situación fue parecida y algunos bodegueros tuvieron que reinventarse, aunque varios pagaron las consecuencias.

Ahora, parece ser que estamos en las mismas y de nuevo la venta se encuentra en una situación más que difícil. Muchos bodegueros están en una tesitura entre subsistir o deshacerse de una figura de la venta como es el distribuidor. Pero para aquellos que aún no hayan leído entre líneas lo especificare de manera sencilla.

Dependiendo de la calidad del producto o de la inversión en marketing de este, hay bodegas que tienen uno o más distribuidores. Estos distribuidores aplican un porcentaje al precio del vino, porque claro está, viven de eso. En ese margen de beneficio, en algunos casos normal y en otros excesivo, está incluido la parte comercial y la distribución logística.

Normalmente, si una bodega es pequeña o mediana, no tiene ni personal comercial ni logística para poder poner en la calle su producto o, como mucho, su radio de acción se limita a las proximidades. Por ello acude al distribuidor que hace esa función, a cambio de ese porcentaje que, algunos tildan de abusivo, aunque ese es otro tema.

La distribuidora, que sigue trabajando, también se ve afectada por las restricciones y, también pierde a su cliente de restauración. Entonces empieza el “sálvese quien pueda”.

La venta online de vino es una opción a la que algunos se acogen cuando antes ni siquiera se preocupaban del aspecto de su página web.

El ecommerce parece ser la solución, para algunos. Claro está que, para vender online, necesitas crear una página a tal efecto, hacer publicidad y, ofrecer algo atractivo para que el navegante no elija otro vino en lugar del tuyo.

Para eso, muchas veces se cae en el precio y, ahí se complica todo. Se complica porque a veces, el precio ofertado en línea es inferior al ofertado por el distribuidor de tus vinos. Y es verdad que, ahora, se tiene que vender. Pero, no es lo mismo vender una caja de seis botellas que comprar un palé para distribuirlo. Pero parece ser que eso ahora no importa. O sí. Hay que vender.

Esto se acabará. Algún día. Y todo, volverá a la normalidad, nueva o vieja, pero normalidad. Y entonces, dejo en el aire algunas cuestiones. ¿El distribuidor volverá a vender el producto? Si lo vende, ¿lo venderá al mismo precio?… el cliente se va a acordar del precio, seguro… ¿La bodega se va a poner a distribuir con sus propios medios? ¿Tendrá comerciales y logística? ¿Seguirá vendiendo online? ¿Es mayor la competencia online que la competencia en la calle? ¿Tendrá que cerrar el distribuidor? ¿Tendrá que cerrar la bodega?

Publicado en VINETUR.COM

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