La elección de una bebida para acompañar una comida en concreto puede encerrar muchas dificultades si quieres que el resultado sea el adecuado. Conoce algunos criterios para elegir la adecuada

Hoy en día, el maridaje se ha convertido en un divisor. Existen los detractores totalmente abiertos a decirlo como la MW Lisa Perrotti, o los partidarios, como un servidor, dispuesto a defenderlo.

Además, es curioso como hay gente que se atreve de manera totalmente inconsciente a hablar de reglas, a tildarlo de “perfecto” buscando un titular, o a recomendar ciertas armonías de libro, dejadas en abierto y sin ninguna base. Estamos rodeados de “expertos” que no han trabajado en su vida como sumiller o en un restaurante, y que nunca han practicado el maridaje más allá del teclado del ordenador o de lo que “han oído por ahí”.

Como ya os he comentado muchas veces, no solo el vino sirve para maridar, así que os voy a comentar algunas bebidas que se pueden utilizar para el maridaje y bajo que criterios se utilizan dependiendo de las comidas que tenemos para acompañar.

Quizás lo más sensato sea empezar por el agua. El agua, más allá de ser utilizada en una función fisiológica de ayudar a deglutir los alimentos, también encierra pequeños y sutiles mensajes que pueden ser interpretados y que tienen que ver con la cantidad de minerales, el tipo de minerales, el método de obtención o si lleva algún tipo de carbónico natural o añadido. La densidad también juega un papel importante.

Los refrescos carbonatados o no, dependiendo de los matices de sus aromatizantes pueden también ser objeto de asociación entre una comida y una bebida. No nos asombremos ya que quizás sea una de las armonías más usadas diariamente en el mundo. ¿Pizza de queso azul y cola?

El vino, como ya hemos dicho, es el “rey del maridaje”. En cualquiera de sus versiones; los vinos tranquilos: blancos, rosados o tintos, con más o menos edad, con o sin crianza, de una variedad u otra, de un lugar o de otro. Los espumosos o los especiales. El abanico de elección es casi interminable y por ello, las posibilidades infinitas. Acidez, astringencia, densidad o frescura son algunos de los adjetivos y propiedades que hacen del vino un elemento de maridaje muy adecuado para ser combinado con sensaciones, texturas mecánicas o geométricas, temperaturas o técnicas y tipos de cocinado en los alimentos. Olvídate de los tópicos y de “los blancos van bien con el pescado” y empieza a preguntarte porqué y cuales si y cuales no. 

Otras bebidas fermentadas como las cervezas, los sakes, el hidromiel, las kombuchas, las sidras… todas tienen un espacio en el mundo del maridaje. Sus matices en concreto y su aportación carbónica (o no) aportan elementos que, con el adecuado criterio, pueden convertir la experiencia en inolvidable.

Las infusiones como el café o los tés, suelen jugar con las temperaturas y con matices muy sutiles que se añaden al efecto sorprendente de utilizar estas bebidas para maridar.

Los cócteles o combinados, por su enorme y variada propuesta gustativa pueden aportar una visión muy abierta de ciertos acompañamientos que funcionan si se juegan bien las cartas.

A veces, por su alta graduación los destilados, se quedan fuera de la ecuación cuando lo cierto es que los maridajes con estas bebidas encajan muy bien a pesar de deber tener cuidado con las cantidades para no arruinar la armonía ni el estado de embriaguez.

Publicado en VINETUR.COM

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