El vino y las cestas navideñas

Las cestas navideñas son recibidas entre entusiasmo y desencanto a partes iguales. El vino ocupa un lugar importante en este aguinaldo que algunas empresas aun siguen entregando a sus trabajadores

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Entre el 20 y 23 de diciembre aproximadamente se suelen entregar las cestas navideñas a trabajadores y, en muchos casos, también a familiares y amigos. Las cestas navideñas son un surtido de productos normalmente alimenticios para agasajar a quienes la reciben y así celebrar las fiestas.

n medio del consumismo y de las compras compulsivas que preceden al 24 de diciembre, una caja de cartón en forma de maletín esconde tesoros gastronómicos insospechados. Al llegar a casa, algunos familiares se reúnen en torno a la misma con expectación para ver lo generosa que ha sido este año la empresa. Y no. Por la forma, este año tampoco hay un jamón de bellota en el interior.

Al abrirla, en medio de tiras de espumillón plástico aparece un fuet, una lata de melocotón en almíbar, una caja de barquillos, dos pastillas de turrón, uno blando y otro duro y una botella de sidra El Flautista, un rosado del 2015 sin procedencia visible que se llama El Señorío del Castillo y un tinto, El Conde Duque de Sierra Ventosa, sin añada que viene en un papel de celofán amarillo para darle más caché. Chimpum.

Que despilfarro madre mía. La empresa se habrá gastado lo menos lo menos 18 € en su trabajador (1,5 € por mes trabajado). Lo cierto es que da un poco de penita, pero como se suele decir, a caballo regalado… Y eso suponiendo que te den cesta que hay muchas empresas que ni eso.

Pero claro, todo este preámbulo es para hacer hincapié en el tema del vino. Hay mucha gente que, lamentablemente, no compra vino durante el año, bien porque no puede permitírselo (aunque hay vinos muy baratos y más que correctos) o simplemente, porque no le gusta. Entonces abrimos lo que ha llegado en la cesta y … HORROR. En lugar de incitar a conocer el vino aun se reafirma el “no me gusta el vino” con las “joyas” que llegan en la cesta.

Desde aquí, quiero reivindicar que, para poder defender el vino todo el año, debemos dignificarlo todo el año, navidad incluida. Vender excedentes de añadas antiguas a precios de risa o, pero, por encima de su valor, nos hacen un flaco favor.

Señores distribuidores suban un poco más el precio de la cesta, pero pongan vinos mejores. Señores empresarios, gástense un poquito más de dinero en sus empleados que un empleado contento rinde más que uno cabreado. Así que pongan una buena paletilla de ibérico en la cesta, unos buenos vinos y una botella de espumoso para brindar, si es que queda algo que celebrar.

Publicado en VINETUR.COM

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