Batead’or: un vermut con golpe de efecto

La elaboración de los vermuts y sus fórmulas siempre han estado rodeadas de un cierto secretismo trasmitido de abuelos a padres y de padres a hijos. En Terra Alta, sucede igual. Y aunque no vayamos a conocer todos sus ingredientes, si podemos conocer esta bebida entre cubitos de hielo y latas de berberechos.

Bateador

Nos trasladamos a la Terra Alta. Concretamente a Batea. Allí encontramos La Botera, una bodega con esencia de agricultura en estado puro que elabora deliciosos vinos en su gama Vila Closa o Mudèfer, su tinto crianza que aun sigo definiendo como uno de los vinos con aromas más singulares de Terra Alta.

Pero no hemos venimos a hablar de sus vinos, sino de su vermut. El Batead’or es un juego de palabras que mezcla el nombre de la población donde se elabora y el nombre de uno de sus vinos cuyo apellido es Dolç-or (or es oro en catalán). Golpear con un “bate” en forma de botella completa el golpe del efecto marketing, aunque el vermut de La Botera siempre ha tenido sus fieles seguidores desde hace mucho tiempo, cuando aún, la bodega se dedicaba a la venta de vinos a granel.

El tema del vermut da bastante de sí y podríamos escribir muchas líneas al respecto. Y aunque pensemos que su origen es italiano (por lo del Martini) el vermut es una palabra de origen germano que viene a decir ajenjo y su origen se remonta a la antigua Grecia pues ya Hipócrates maceraba hierbas aromáticas con vino. Fue andando por la historia de la mano de monjes, médicos y alquimistas hasta llegar a sus “orígenes conocidos y modernos” allá por el 1800. Así con el vino como bebida base y diversas hierbas, raíces, esencias y especias, las fórmulas han ido variando dependiendo de sus autores y hoy en día, se elaboran excelentes vermuts en todo el mundo.

En Batead’or, una selección de vinos de Terra Alta se mezcla con la receta secreta que ahora obra en poder de mi amigo Francis y que se combina de forma única e irrepetible según me cuenta su creador entre risas, entre copas y, en definitiva, entre amigos.

Tiene el color de maderas rojizas como la bubinga o la caoba, que se llena de brillo ambarino y se torna cremoso al contacto con el hielo. Las notas en nariz son interminables empezando por sus toques a naranja o nuez de cola, las hierbas (manzanilla, tomillo y ajedrea), brotan por doquier en un festival de aromas que te transportan a un jardín botánico, destacando también las especias (clavo y pimientas) y las exóticas maderas nobles como el sándalo. En boca, una batalla entre dulces y amargos encuentra equilibrio en un fino paso y una deliciosa persistencia acida final.

Si pones Bateador en una copa, añades un dash de naranja y te comes una ostra del Delta del Ebro, el impacto de sabor está asegurado.

Publicado en UNBUENVINO.COM

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