Una sociedad de vinos

Si nos permitimos la licencia de utilizar el paralelismo, en una sociedad conviven diferentes individuos que en ocasiones comparten territorio, costumbres, creencias y culturas. La diversidad de culturas, con sus diferentes maneras de proceder, hacen al ser humano único y diferente a los demás. Igual que los vinos.

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Así es Cataluña y sus vinos. Un espacio en el mapa que aglutina en España el mayor número de Denominaciones de Origen reconocidas y protegidas por los distintos Consejos Reguladores. Un espacio donde confluyen variedades autóctonas y foráneas. Un espacio donde caben todas las elaboraciones y todas las tipicidades. Y al igual que en una sociedad cosmopolita y multicultural, las diferencias se ven solo en segundo plano y se consigue unificar la procedencia en múltiples identidades.

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Foto: DO Penedés

 

Penedés y el xarelo a veces fresco y a veces consistente, la Terra Alta y la voluptuosa garnacha blanca o el sutil trepat en Conca de Barberá, son solo algunos de los ejemplos más claros de diferencias y tipicidades unidas en un solo pero amplio territorio. Un territorio que ya desde tiempos muy remotos se dedico a la viña bajo el estandarte de otros pueblos y otras culturas.

Fuerza y valentía se ven reflejadas en los vinos de Priorat y Montsant, tan íntimamente vinculados, con la garnacha tinta o la cariñena que emergen de una difícil pizarra y que los convierte en únicos en el mundo. Si volvemos al mapa y nos vamos al interior, en Costers del Segre donde vemos como se han adaptado a no estar cerca de la costa, con los prejuicios comerciales que ello conlleva y el esfuerzo extraordinario de traer variedades foráneas, como la cabernet sauvignon, y trabajarlas en una amplia zona geográfica con diferencias tanto en suelos como en altitudes, también se hacen grandes vinos. Pla de Bages, por su ubicación geográfica y su microclima, nos regala joyas embotelladas elaboradas con su variedad estrella, la picapoll.

Tanto Alella como Empordá son sinónimos de mar y montaña a la par. Su pansa blanca en sauló y la lledoner soplada por la tramuntana, respectivamente se ven influenciadas por el Mare Nostrum y están marcadas con un ADN propio e inconfundible. Una huella que podemos encontrar en una de la Denominaciones más antiguas y que es la DO Tarragona. Con la tradición arraigada desde la época de los romanos y siendo una de las capitales vinícolas más importantes del Imperio, ha sabido mantener la tradición de hacer vinos en sus cuatro comarcas con el rio Ebro como compañero del Mediterráneo.

Y aunque sea una Denominación “compartida”, Cava, sin duda es el vino más internacional de estas latitudes. Con su elegancia y su saber estar en toda situación. Dejar para el final a la DO Catalunya no es casualidad, pues en otras zonas vitivinícolas, crean los Vinos de la Tierra o los amparados por las Indicaciones Geográficas Protegidas, sin embargo, en Catalunya, se aglutinan gentes y uvas de aquí y de allá, vinos “así o asá”. Riqueza en diversidad.

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Foto: Pixabay

 

En esta sociedad de vinos, cabe todo. Y todo es uno. Porque quizás lo más rico que tiene una sociedad de vinos es su diversidad, sus diferencias y su carácter singular a la vez que plural. Una sociedad de vinos cuyo nombre es Cataluña.

Javier Campo, Sumiller

Artículo presentado en el VI Concurso BLOC DO CAT 2018 #VIBlocDOCat 

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