El efecto Rosé

Se acerca el verano a pasos agigantados: buen tiempo, playa y unas copas de vino rosado. ¿Qué tiene éste color que parece que se despierte de un letargo anual en la época estival?

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Viene el calor y es entonces cuando nos acordamos de los vinos rosados. Parece que verano y vino rosé sean sinónimos, cuando lo cierto es que el vino rosado puede tomarse en cualquier época del año aunque con algunas elaboraciones, su consumo óptimo, coincide con los meses estivales.

Muy lejos de los típicos tópicos de que: el rosado es una mezcla de blanco y tinto,  de que es sólo para mujeres, de que la peor uva está destinada al rosado, por regla general, el vino rosado es bastante difícil de elaborar y suele requerir mucho más trabajo y atención que un blanco o un tinto. Esos mismo tópicos nos hacen viajar hasta Navarra para disfrutar del vino rosado como summum de los orígenes para éste tipo de vino aunque, además de Navarra donde tienen unos rosados maravillosos, podemos encontrar rosados de altísima calidad en el resto de la geografía española (y extranjera), a precios más que asequibles y que no tienen nada que envidiar a los de la zona de Provenza o del Languedoc, de donde se dice que nace la idea del rosé por excelencia.

En lo que se refiere a las variedades de uvas empleadas para los vinos rosados, el abanico se extiende más allá de la syrah, el cabernet o el merlot, pudiendo encontrar rosados de tempranillo, garnacha, pietro picudo, pinot o cariñena, entre muchas otras uvas tintas.

La tonalidad cromática también es un tema al que le va que ni pintado el dicho: “para gustos, colores”, ya que podemos ver cómo los tonos de rosado son cíclicos y pasan por tendencias temporales que van desde el color piel de cebolla, pasando por el salmón o la cereza “eléctrica”. Hace un tiempo era un color el que estaba de moda… y ¡¡venga!!!, todos a hacer de ese color. Luego alguien con voluntad transgresora, hace todo lo contrario. No nos llamemos a engaño, el color del vino rosado es el que es: rosado. Y no olvidemos tampoco que ese “teñido”, afecta también a los aromas y los sabores, y no únicamente al color.

Por cierto, además hay fantásticos espumosos rosados, como un buen cava rosado en el que añadimos el plus de la segunda crianza fermentativa. Los vinos rosados (espumosos o no) no sólo se pueden beber de aperitivo, sino que pueden ser excelentes compañeros de viaje para muchas comidas en las que necesitamos combinar frescura y estructura.

Escucha “La vie en rose” de Grace Jones a ritmo de bossa nova, elige tu rosado favorito y buena compañía. ¡Feliz verano, Foodistas!

Publicado en LOSFOODISTAS.COM

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