¿A qué te suena este vino?

Todos conocemos el maridaje de una comida y un vino (u otra bebida), pero también existen otras asociaciones en el mundo del vino y una de ellas es el maridaje sonoro.

No hace falta acudir a estudios científicos para saber que nuestro cerebro funciona de manera independiente a la hora de asociar sensaciones, emociones y momentos.En algún momento de nuestra vida, un sabor nos ha recordado a un momento de la infancia, a alguna situación vivida o a una persona.

El maridaje perfecto: música y vino

Los sabores y los olores son elementos evocadores que hacen que una compleja maquinaria se ponga en marcha y, en medio de millones de archivos instaurados en nuestra memoria, casi de manera inmediata, se asocie una determinada situación o experiencia vivida. Y normalmente, provocan en nosotros una sonrisa o una lágrima.

La música forma parte inherente de nuestra propia historia, de manera individual y social. La banda sonora de nuestra vida se compone de aquellas melodías o canciones que en un momento determinado se graban en nuestro disco duro. Pero claro, nuestra memoria es amplia y da cabida a muchas más músicas y a muchas más sensaciones.

Los maridajes sonoros, es decir, la asociación de una determinada música o pieza en concreto, con un determinado tipo de vino, no es una práctica que se haya descubierto en la última década como algunos creen, sino que es una situación instaurada en la historia del vino y de la música, en ese orden y viceversa.

El vino era clave en la corte francesa

Sólo tenemos que mirar atrás y ver cómo los romanos bebían vino en sus ‘fiestas’ siempre acompañadas de música, o en la corte francesa de Luis XIV bebían vino como elemento indispensable antes de iniciar su ritualístico minué. Si esto lo extrapolamos a nuestra época, una discoteca no deja de ser una sala donde se asocia música y bebida.

El Mediterráneo, Serrat y el vino. ¿Puede haber algo mejor?

Evidentemente, cada uno tiene o puede tener su propia asociación o maridaje con una determinada música, puesto que ambas cosas, música y vino, son elementos abstractos y dependiendo de la sensibilidad y gustos de cada uno tienen combinaciones infinitas y dispares.

Uno de los adjetivos utilizados en el lenguaje de nuestros vinos es el demediterráneo. Y escuchando esta palabra nos puede venir a la mente una estrofa de Joan Manuel Serrat.

Champán y fresas, ideal para una noche de amor

Si te digo que elijas una bebida para hacer el amor, probablemente la asociemos alchampagne (con fresas) y como banda sonora es probable que, entre muchas otras, suene alguna de las canciones de la BSO de ’50 Sombras de Grey’. Y hasta ahí.Elige tu vino y tu música. El resto de este maridaje sonoro, lo escribes tú.

Publicado en THELUXONOMIST.ES

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