Papá…Quiero ser sumiller

Atrás ha quedado, afortunadamente, el concepto de que a los niños hay que acostumbrarles a beber vino (a las niñas, no) y nos daban una copita de Kina San Clemente “que da unas ganas de comerrrrr”. Bueno claro, te daba ganas de comer y de dormir la siesta después y estabas con la risa floja hasta que se te pasaba el efecto.El ponche de huevo con vino o brandy y azúcar, o una rebanada de pan mojada en vino y mucho azúcar. Pelotazo asegurado. Claro que era algo normal. Sobre todo teniendo en cuenta que las abuelitas también estaban muyyyyy relajadas con su Agua del Carmen (que tenía solo 52º). Así podemos ver claramente que el alcohol era un método fantástico para tener ‘calmados’ a niños y ancianos.

Kina San Clemente

Esto no tenía nada que ver con la cultura del vino, ya que muy pocos la tenían. Pero de estas ‘prácticas’ se pasó a no dar alcohol a los niños pues se estaba propiciando el alcoholismo, probablemente bajo una visión en algunos casos retrógrada y en otros casos vinculada a sectores sociales marginados.

Esto afortunadamente no es así hoy en día y una cosa es el consumo de alcohol en la infancia y la adolescencia de manera adictiva y peligrosa y otra muy diferente adentrar al niño en la cultura del vino desde la moderación acorde a su edad y a su propia condición.

Es bonito acercar el mundo de la vendimia a los niños

Por ello, cada vez existen más iniciativas como la llevada a cabo por  un colegio en Italia en la que incluyen en su programa educativo la elaboración y la cata de vinos o como aquí, en La Rioja o en Campo de Borja (entre otras zonas) donde se llevan a cabo actividades de enoturismo para niños o en familia. En el siguiente vídeo, ‘Garnachica’ explica a los más peques cómo se hace el vino.

 

Es en muchos lugares, especialmente en zonas donde la elaboración del vino es parte de la cultura y es el sustento de muchas familias, en los que se propicia que el niño conozca el vino de manera divertida.

Cómo no, empezamos haciendo una excursión a la viña y los niños vendimian la uva y la colocan en cestas o cajas para su posterior envío a la bodega. Este simple hecho ya es una visión de lo que se puede obtener de la naturaleza. Nos vamos a la bodega y allí la emoción se desata al ‘tener’ que prensar la uva para obtener el mosto con el que prepararemos el vino. Casualmente, ese día las prensas no funcionan y se tiene que hacer como se hacía antes. Es decir ‘a pie’.

Los niños participan de la vendimia junto a los mayores

Por último, pasamos a la fase sensorial donde el niño descubre e identifica a través de los olores, aromas a frutas o sabores conocidos. Lluvia de apreciaciones en medio de risas y emoción al practicar el ‘ser adulto’.

Más allá de las actividades y para mi grata sorpresa, vienen clientes al restaurante y los papás se piden un menú degustación y los niños, también. Nada de pasta, pizza o hamburguesa. Al pedir la bebida solicitan el maridaje y sus hijos son partícipes de esa experiencia hedonista y sensorial de oler y degustar comida y vino al mismo tiempo. Lo más curioso es que los niños tienen una capacidad olfativa y de identificación asombrosa. Conocen vino, conocen procedencia, conocen variedades y te hacen reír.

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Los sumilleres somos personas que ‘ofrecemos magia’ en nuestras recomendaciones y hacemos felices a nuestros clientes pues les damos placer en cada copa. Con los niños, además, es recíproco. Me lo paso pipa con ellos sobre todo cuando me dicen eso de que, de mayor, ‘quiero ser sumiller’.

Publicado en THELUXONOMIST.ES

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