DE TIERRA Y TIERRA

La sangre de la tierra es como muchos llaman al vino. Esta sangre que fluye a través de los sarmientos de la vid, llega a nuestro paladar con el propósito de transmitirnos toda su esencia en conjunto con las uvas y las manos del viticultor.
Hemos hablado de los frutos de la tierra. De la huerta. Hortalizas, árboles frutales, setas. Hemos hablado de las carnes y los pescados. De la tierra y del mar. Pero la naturaleza siempre nos tiene guardada alguna sorpresa de la que también sacamos partido como alimento.
El ser humano al convertirse en omnívoro se llevó a la boca casi cualquier cosa. En ocasiones por placer y en otros por necesidad. Y una de las cosas que el hombre descubrió que eran comestibles fue un molusco gasterópodo que adaptó su prehistórico hábitat tanto en el mar como en la tierra.
Estamos hablando del caracol. Exquisita comida para algunos y repulsivo para otros. Es cierto, que si tenemos en cuenta que el caracol es un cornudo, un baboso y un arrastrado (si hacemos caso al insulto) lo cierto es que al pobre no le acompaña una buena prensa. Pero sin duda, grandes gastrónomos han ensalzado la sutileza y las glorias de comer a este lento animalito. Y estamos hablando desde la edad de bronce, unos 2.000 años AC.
En Cataluña hablar de caracoles es hablar de Lleida ya que aunque se consume en todo el país, es en Lleida donde el caracol se ha convertido casi en un icono gastronómico.
Hace ya muchos años que incluso se celebra un encuentro del caracol en la capital del Segrià. Esta fiesta popular arrastra a más de 200.000 personas para disfrutar del caracol y nuestra cocina en muchas recetas de las más populares a las más sofisticadas.
Y como no, hablar de Lleida se habló de caracoles a la llauna. Un plato de lo más sencillo pero que nos llena los paladares de este inquilino de la tierra. Y de la tierra de Costers del Segre nos llega nuestro vino protagonista. Esta denominación de origen de Lleida hoy nos conduce a Talarn, en el Pirineo leridano y a la bodega Castell d’Encús que combina el frío y el calor de la energía geotérmica en un ambicioso proyecto de Raúl Bobet.

El vino de esta bodega elegido para maridar con caracoles es el Ekam. Un riesling con albariño nada convencional y que nos aporta fruta y acidez suficiente para contrarrestar la salinidad del plato.

Ekam-2010
Con la marcada intensidad de las frutas blancas y el perfume floral al olerlo, Ekam tiene reminiscencias minerales que con ese regusto de tierra del caracol y que nos transporta a los maridajes de alto contraste entre lo dulce y lo salado. Un ser de la tierra con la sabia de tierra. Tierra y tierra.

Publicado en VADEVI.CAT

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