LA COCINA TRANQUILA Y EL VINO TRANQUILO

En Cataluña hay miles de restaurantes con innumerables tipos de gastronomía. Para ser más exactos, hay casi 16.000 restaurantes, de los cuales casi 60 tienen estrella Michelin. Pero hoy no hablaremos de estos “estrellados” sino de los demás. Especialmente de aquellos que trabajamos con cocina tradicional casera. Con largas cocciones. Con tranquilidad. Sin prisas.

Los guisos de siempre son atractivo en las rutas gastronómicas de cualquiera de nuestras comarcas. ¿Porque? Pues porque nos transportan a la niñez, a la comida de nuestras madres y nuestras abuelas cuando desconocíamos la palabra estrés.

En las Tierras del Ebro, cuando la gente iba a trabajar en los arrozales, comían un plato típico del lugar, el “arros col i fessols”. La noche antes empezaba a prepararse parte de los ingredientes poniendo las alubias en remojo. Al día siguiente, ese plato era una bomba de sabores y de la identidad de sus productos.

La “olla Barrejada” de Girona nos recuerda que después de tres horas de cuidado en la elección de los ingredientes y de cocción, aún nos queda un rato más para terminar este delicioso plato. Todo necesita su tiempo.
Si vamos al Valle de Aran, la olla aranesa también es uno de los platos que la gente de “capital” pide antes de subir a las pistas de esquí. Y detrás de ese plato y un trabajo largo, mimado por las manos de una cocinera o un cocinero que quiere resistirse a la “fast food”.

Y que podemos decir de nuestros canelones? La carne por un lado. La pasta por otro. Deshuesar todo. Hacer el relleno. Extender la pasta … y luego la bechamel … y el horno. Trabajo largo y laborioso para la abuela y la tía que le ayuda.

Y así podríamos llenar muchas páginas de recetas que precisan de esta tranquilidad que ya casi no tenemos por el dinámico de nuestro día a día. El trabajo. Los niños. Ir al gimnasio. Fútbol. La pizzería de al lado. El chino que te lleva la comida a casa en menos de quince minutos. Todo esto hace que esta cocina esté olvidada o sólo elegida para ocasiones especiales.

Y ahora que ya he defendido este tipo de cocina, y tal y como dice al principio del artículo, el vino tranquilo. Los vinos tranquilos son casi todos aquellos que conocemos y que no contienen gas carbónico. Uno de los platos que hemos nombrado es la “olla barrejada” de Girona. Pues bien. Nos quedamos aquí arriba y acompañados por la tramontana ampurdanesa que nos sopla y nos empuja hasta llegar a la bodega de Anna Espelt.

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Espelt Viticultors es una bodega en el que hacer el vino también es un proceso tranquilo tal y como me contaba en una visita Anna. Uno de los vinos que guardan este tipo de esencia es el Coma Bruna, una cariñena 100% con 18 meses de crianza en madera de roble.

Las partes cárnicas de la olla y su grasa, se convierten en potenciadores de los taninos del vino que presenta notas de cacao, de resina y maderas, que nos preparan los sentidos para la siguiente cucharada.

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